¿Democracia?La primer incógnita que se presenta en nuestra mente al retomar el tema de las juntas militares del 76´, es si la impunidad que cobijó a los represores de la dictadura militar hubiese existido si el total de la población hubiese estado debidamente informada respecto de las causas, así como también, sobre sus derechos y responsabilidades como ciudadanos integrantes de una sociedad demócrata - arrasada por las tempestades de un gobierno de facto ilegítimo y genocida, pero con un retorno al sistema demócrata al fin-. El poder del pueblo… Movilizaciones, marchas e innumerables sistemas de lucha nos conllevan al (tal vez ingenuo) pensamiento de destitución de cargos y justicia.
En otro aspecto, nos indagamos sobre el verdadero sentido y significado de la democracia. ¿Lo conoce la ciudadanía? ¿Por qué no lo hace regir? Constitucionalmente herramientas no faltan. Aquí aparece el concepto de participación.
La verdadera participación, consiste en saber y sentir que se es parte de algo para actuar. Y la sociedad, al no sentirse representada no se involucra en la participación y en los actos de los delegados a los que se les ha otorgado el cargo. Considerando esto -la carencia de intervención del pueblo en los asuntos del Estado que los cobija e incluye en su formación- los ciudadanos se encuentran completamente expuestos a la manipulación de los medios de comunicación y las empresas o grupos de poder que los “apañan”. De esta forma con la información manoseada o “a cuenta gotas” y sumado a la desinformación auto generada de la ciudadanía, la Democracia emplea una forma casi onírica en nuestra sociedad.
La libertad de expresión, en otro aspecto, se camufla con la promoción de pensamientos adjudicados al lector, una especie de “venta de ideas” que los consumidores compran y adquieren mayoritariamente sin advertirlo. Contrariamente también, cabe resaltar que la libertad de expresión es una de las cualidades sustanciales de un sistema demócrata y, sin embargo, en pleno resurgimiento de esta forma de gobierno, en 1984 se expulsó a Pablo Llanto (abogado y gremialista redactor de Clarín) de su puesto por hacer valer los derechos de sus compañeros de trabajo. Por lo que, vale destacar, comenzó a investigar a la familia Noble y editó escritos al respecto. Otro es el caso de Hernán Lopéz Echagüe, despedido por publicar la vida de Eduardo Duhalde (por lo que posteriormente editó “Gajes del Oficio”, un libro publicado en 1993 en donde hace referencia al tema).
Estos casos continúan clonándose constantemente en la actualidad, podríamos hablar entonces de una democracia restringida, o a favor de determinados grupos económicos y de poder.
Si Democracia es referirse a las acciones destinadas al bien común a cargo de los soberanos, definitivamente estamos malinterpretando o malempleando el concepto. ¿Son los ciudadanos argentinos los que tienen realmente el poder de acción y decisión en el país?. El voto les otorga poder y una parcial autoridad, no obstante, si la visibilidad que posee el votante a la hora de ejercer el sufragio es parcial, el poder se desvanece. Pierde validez si no se establece en la república una debida promoción de información, como así también, si los individuos no asumen la responsabilidad como integrantes de la sociedad.
La dominación no es posible de concretar sino existen los sometidos. La democracia es el instrumento que posee el soberano para no ser un subordinado del sistema, sino parte de el.
La toma de consciencia es esencial desde las elecciones y, más aún, durante el ejercicio del mandato del representante al que se le otorgó el cargo; en este sistema la destitución de cargos también es posible a favor y en decisión de la población políticamente activa.
Los medios influyen cuando se les es permitido. No obstante, el constante bombardeo de falacias es casi absorbente contemporáneamente.
El Poder político- religioso y mediático Vs. el Poder ciudadano.

Breve reseña del caso
El cura Christian Federico Von Wernich fue capellán de la Policía bonaerense de Miguel Etchecolatz y Ramón Camps durante la última dictadura militar y se desempeñó como consejero espiritual de los grupos de tareas de La Plata.
En marzo de 1993 el fiscal federal Félix Crous solicitó las detenciones de 43 policías y militares por los delitos cometidos en los centros clandestinos de detención que actuaron en la localidad de Arana durante la dictadura y requirió la invalidez de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. La ley de Punto Final estaba dirigida a concluir con las investigaciones por los crímenes cometidos durante el terrorismo de estado y a lograr la impunidad de quienes no fueron citados en el plazo de 60 días.
La ley de Obediencia Debida, por su lado, disponía que los imputados habían actuado bajo coerción, bajo órdenes de superiores, por lo que no tuvieron posibilidad de inspección, oposición ni resistencia en cuanto a su oportunidad ni legitimidad ante ellas (Ambas leyes fueron declaradas anticonstitucionales y anuladas por el juez Gabriel Cavallo ocho años después).
En sus declaraciones, Crous, también denunció penalmente a Von Wernich, a quien acusó de “desplegar una actividad voluntaria y consciente, dirigida a procurar quebrar la voluntad de las víctimas, obtener información, procurar el silencio de las víctimas y sus familiares y con ello asegurar los fines perseguidos por la dictadura y la impunidad de él y sus cómplices”. En otras palabras, se acusaba al cura de amparar y participar de la represión, el genocidio y el cautiverio de los detenidos ilegalmente; y se ponía en cuestionamiento a los militares y la iglesia en una relación de complicidad.
Von Wernich se ordenó en 1976, a los 38 años. Había concurrido a varios seminarios y más de un obispo se había negado a ordenarlo, hoy además se rumorea que se tuvieron que falsificar algunos documentos de la Facultad de Filosofía ya que en realidad nunca habría aprobado los exámenes eclesiásticos. El mismo año en que adoptó los votos, el general Ramón Camps, entonces jefe de la Policía bonaerense, le otorgó el puesto de oficial subinspector para desempeñarse como capellán.
Fue arrestado por primera vez en agosto de 2003, después de declarar en la causa por la Verdad (a represores) de la Cámara Federal de La Plata.
Ese primer arresto, dictaminado por los jueces Leopoldo Schiffrin y Julio Reboredo, fue provisorio. El juez Arnaldo Corazza lo dejó en libertad para reclamar su detención un mes y medio después. Pero el cura no se encontraba en el domicilio que había informado.
Von Wernich estuvo prófugo durante una semana, hasta que decidió entregarse.
Cuando fue interrogado por el juez, reconoció haber asistido a los campos de concentración de Camps, pero negó haber visto a presos con signos de haber sido torturados. Y se amparó en el secreto confesional para evitar dar precisiones. Los relatos de los sobrevivientes lo ubicaron en los campos que funcionaron en la Comisaría Quinta, la Brigada de Investigaciones, Pozo de Quilmes y Puesto Vasco. Uno de los casos en el que el cura está involucrado es en el de los homicidios de María del Carmen Morettini, Cecilia Luján Idiart y Domingo Moncalvillo, tres de siete detenidos a los que Camps había ofrecido sacar del país. Las familias de los desaparecidos habían aportado dinero para pagar los costos que, al menos en un caso, se encargó de recibir el sacerdote.
En marzo de 1993 el fiscal federal Félix Crous solicitó las detenciones de 43 policías y militares por los delitos cometidos en los centros clandestinos de detención que actuaron en la localidad de Arana durante la dictadura y requirió la invalidez de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. La ley de Punto Final estaba dirigida a concluir con las investigaciones por los crímenes cometidos durante el terrorismo de estado y a lograr la impunidad de quienes no fueron citados en el plazo de 60 días.
La ley de Obediencia Debida, por su lado, disponía que los imputados habían actuado bajo coerción, bajo órdenes de superiores, por lo que no tuvieron posibilidad de inspección, oposición ni resistencia en cuanto a su oportunidad ni legitimidad ante ellas (Ambas leyes fueron declaradas anticonstitucionales y anuladas por el juez Gabriel Cavallo ocho años después).
En sus declaraciones, Crous, también denunció penalmente a Von Wernich, a quien acusó de “desplegar una actividad voluntaria y consciente, dirigida a procurar quebrar la voluntad de las víctimas, obtener información, procurar el silencio de las víctimas y sus familiares y con ello asegurar los fines perseguidos por la dictadura y la impunidad de él y sus cómplices”. En otras palabras, se acusaba al cura de amparar y participar de la represión, el genocidio y el cautiverio de los detenidos ilegalmente; y se ponía en cuestionamiento a los militares y la iglesia en una relación de complicidad.
Von Wernich se ordenó en 1976, a los 38 años. Había concurrido a varios seminarios y más de un obispo se había negado a ordenarlo, hoy además se rumorea que se tuvieron que falsificar algunos documentos de la Facultad de Filosofía ya que en realidad nunca habría aprobado los exámenes eclesiásticos. El mismo año en que adoptó los votos, el general Ramón Camps, entonces jefe de la Policía bonaerense, le otorgó el puesto de oficial subinspector para desempeñarse como capellán.
Fue arrestado por primera vez en agosto de 2003, después de declarar en la causa por la Verdad (a represores) de la Cámara Federal de La Plata.
Ese primer arresto, dictaminado por los jueces Leopoldo Schiffrin y Julio Reboredo, fue provisorio. El juez Arnaldo Corazza lo dejó en libertad para reclamar su detención un mes y medio después. Pero el cura no se encontraba en el domicilio que había informado.
Von Wernich estuvo prófugo durante una semana, hasta que decidió entregarse.
Cuando fue interrogado por el juez, reconoció haber asistido a los campos de concentración de Camps, pero negó haber visto a presos con signos de haber sido torturados. Y se amparó en el secreto confesional para evitar dar precisiones. Los relatos de los sobrevivientes lo ubicaron en los campos que funcionaron en la Comisaría Quinta, la Brigada de Investigaciones, Pozo de Quilmes y Puesto Vasco. Uno de los casos en el que el cura está involucrado es en el de los homicidios de María del Carmen Morettini, Cecilia Luján Idiart y Domingo Moncalvillo, tres de siete detenidos a los que Camps había ofrecido sacar del país. Las familias de los desaparecidos habían aportado dinero para pagar los costos que, al menos en un caso, se encargó de recibir el sacerdote.
Fueron múltiples los testimonios que inculparon al cura, familiares de víctimas y sobrevivientes nombraban al religioso en todas sus declaraciones. No obstante, los datos que lo inculpaban no eran de ese entonces.
Los delitos cometidos por Von Wernich fueron probados excesivamente en los testimonios de los sobrevivientes de los distintos centros clandestinos en 1985 en el Informe de la CONADEP (Comisión Nacional de Desaparecidos En 1984 el policía Julio Emmed relató: “En la Brigada nos esperaba el padre Christian Von Wernich, quien había hablado y bendecido a los ex subversivos y les había hecho una despedida en la misma Brigada. En el coche donde iba yo se encontraba el padre. Yo debía dar el golpe que adormecería a la persona pero no logré desvanecer al jóven y Giménez sacó la pistola reglamentaria. Cuando el NN vio el arma se precipitó contra ella y se entabló una lucha. Le descargué varios golpes en la cabeza con la culata de mi arma. Se produjeron varias heridas y sangró abundantemente, tanto que el cura, el chofer y los dos que íbamos al lado quedamos manchados. Se descendió a los tres cuerpos de los ex subversivos que en ese momento estaban vivos. Los tiraron a los tres sobre el pasto, el médico (Jorge Bergés) les aplicó dos inyecciones a cada uno, directamente en el corazón, con un líquido rojizo que era veneno. Fuimos a asearnos y cambiarnos de ropa porque estábamos manchados de sangre. El padre Von Wernich me habló de una forma especial por la impresión que me había causado lo ocurrido. Me dijo que lo que habíamos hecho era necesario, que era un acto patriótico y que Dios sabía que era para bien del país”.
Finalmente, Christian Von Wernich, fue detenido en septiembre de 2003 acusado de numerosos homicidios y múltiples casos de privaciones ilegales de la libertad y torturas, en diferentes Centros Clandestinos de Detención, delitos por los cuáles se le inició un procesamiento en la ciudad de La Plata, luego de años de impunidad por las leyes de obediencia debida y punto final.
Gracias a los testimonios aportados por los sobrevivientes, ha quedado probado que el imputado operaba en distintos lugares de detención, entre ellos la Comisaría 5° de La Plata, Brigada de Investigaciones de La Plata, y Puesto Vasco, entre otros. Se ha demostrado su participación directa en los homicidios de los desaparecidos María del Carmen Morettini, Cecilia Luján Idiart y Domingo Héctor Moncalvillo, tal como se reseña en el testimonio que brindó ante la CONADEP el fallecido policía Julio Alberto Emmed, quien, como dijimos, confesó que Von Wernich y él participaron junto a otros represores en el asesinato de los tres jóvenes cuando supuestamente los trasladaban al puerto de Buenos Aires para que dejaran el país rumbo a Uruguay. Asimismo, está imputado en la coautoría de los homicidios calificados de –además de las personas mencionadas- de María Magdalena Mainer, Pablo Mainer, Liliana Galarza y Nilda Susana Salomone.
Finalmente, Christian Von Wernich, fue detenido en septiembre de 2003 acusado de numerosos homicidios y múltiples casos de privaciones ilegales de la libertad y torturas, en diferentes Centros Clandestinos de Detención, delitos por los cuáles se le inició un procesamiento en la ciudad de La Plata, luego de años de impunidad por las leyes de obediencia debida y punto final.
Gracias a los testimonios aportados por los sobrevivientes, ha quedado probado que el imputado operaba en distintos lugares de detención, entre ellos la Comisaría 5° de La Plata, Brigada de Investigaciones de La Plata, y Puesto Vasco, entre otros. Se ha demostrado su participación directa en los homicidios de los desaparecidos María del Carmen Morettini, Cecilia Luján Idiart y Domingo Héctor Moncalvillo, tal como se reseña en el testimonio que brindó ante la CONADEP el fallecido policía Julio Alberto Emmed, quien, como dijimos, confesó que Von Wernich y él participaron junto a otros represores en el asesinato de los tres jóvenes cuando supuestamente los trasladaban al puerto de Buenos Aires para que dejaran el país rumbo a Uruguay. Asimismo, está imputado en la coautoría de los homicidios calificados de –además de las personas mencionadas- de María Magdalena Mainer, Pablo Mainer, Liliana Galarza y Nilda Susana Salomone.
Además, mantenía encuentros con personas privadas ilegalmente de la libertad que se hallaban en dependencias policiales y militares, tratando de captar voluntades con el objeto de obtener –mediante esos tratos- información útil para ser entregada a sus superiores, valiéndose de su servicio sacerdotal que no denotaba sospecha. También realizaba participaciones para mantener ese escenario e imponía tormentos esencialmente psicológicos y morales a los cautivos que, conjuntamente con las condiciones martirizadoras de detención y las torturas físicas, acababan por componer el horror.
En suma, ha quedado absolutamente probado que Von Wernich tuvo una conspicua intervención en los centros clandestinos de detención, torturas y eliminación de personas desplegados durante la dictadura militar como parte del plan sistemático de exterminio implementado por el terrorismo de Estado. Los crímenes cometidos en el marco de dicho plan constituyen delito de genocidio, tal como fuera reconocido judicialmente por primera vez en Argentina en la sentencia de septiembre de 2006 del Tribunal Oral nº 1 de La Plata, que condenó por unanimidad al represor Miguel Osvaldo Etchecolatz a reclusión perpetua. En la primera sesión de este año del juicio en su contra, el cura Von Wernich, se negó a declarar. Había sido trasladado durante la noche desde el penal de Marcos Paz hacia la sede de la Cámara Federal platense para evitar posibles incidentes y agresiones y en la sala se lo ubico detrás de un vidrio blindado. El salón se colmó de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, sobrevivientes de la dictadura y familiares de desaparecidos.
Tras múltiples declaraciones, testimonios y sesiones sucedidas en el transcurso de los últimos 3 meses; finalmente el Tribunal Federal Nº1 condenó al ex capellán de 68 años a reclusión perpétua el pasado 09 de octubre.
Von Wernich es el primer sacerdote de la Iglesia Católica condenado en la Argentina por delitos de genocidio y en el segundo en el marco global.
Mundialmente también, los diarios publicaron la definición del caso casi con verguenza ajena 30 años despues de los hechos.
"¿Adiós al indulto?"... Como citó el actual cónsul de Nueva York, Héctor Timmerman -hijo del periodista desaparecido Jacobo Timmerman- la "justicia llegó tarde" para sus padres, que "están muertos". Visto de este modo, el indulto no nos abandona, permanece latente en más de 30.000 almas errantes y sus allegados...
Fuentes: CELS-: Centro de Estudios Legales y Sociales- http://www.cels.org.ar
Diarios El país y Pagina /12 -Archivos digitales agosto –septiembre de 2007
Diarios El país y Pagina /12 -Archivos digitales agosto –septiembre de 2007
APDH de La Plata- Asamblea Permanente por los derechos humanos de la plata. Publicaciones marzo de 2003 y agosto, octubre y septiembre de 2004
Periódico digital Tribuna de Periodistas- http://www.periodicotribuna.com.ar
Periódico digital Tribuna de Periodistas- http://www.periodicotribuna.com.ar


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